No basta con querer: la formación que necesitan todas las familias
Entender el impacto de una transición no es cuestión de intuición, sino de preparación.
Cuando hablamos de adopción, muchas veces nos centramos en la ilusión de empezar una nueva etapa, de formar una familia para siempre. Pero entre el final de un acogimiento y el inicio de una adopción hay un proceso delicado, complejo y profundamente emocional: la transición. Y para que esta etapa no cause más heridas de las que ya existen, no basta con querer hacerlo bien. Hace falta saber cómo hacerlo.
El Protocolo de Transición de Acogimiento a Adopción, elaborado por CORA y ASEAF, destaca con claridad un punto esencial: todas las personas implicadas: familias acogedoras, adoptivas y profesionales, deben recibir formación y apoyo adecuados antes y durante este proceso. Porque no se trata solo de acoger o adoptar con amor, sino de hacerlo con consciencia.
Formar para comprender: por qué es tan importante
Cuando un menor va a cambiar de familia, el adulto que lo acompañe no puede permitirse interpretar sus emociones sin formación. Porque lo que para unos puede parecer rechazo, para el niño puede ser miedo; lo que parece hostilidad, puede ser una forma de protegerse; lo que parece indiferencia, puede ser dolor.
🔹 La formación permite leer lo que no se dice con palabras.
🔹 Evita interpretaciones adultocéntricas del comportamiento del menor.
🔹 Prepara emocionalmente a quien acoge o adopta para no personalizar el rechazo.
El protocolo insiste: la formación no es una opción recomendable, es una necesidad esencial para proteger al menor.
Formar para cuidar (también a los adultos)
Este proceso no solo afecta al menor. Las familias de acogida y adoptivas, pueden vivir esta transición con miedo, inseguridad, celos, duelo, incertidumbre.
La formación también sirve para que los adultos entiendan su papel y gestionen sus emociones sin que recaigan sobre el menor.
- La familia acogedora necesita comprender el sentido del cierre, saber cómo despedirse con amor y sin culpa.
- La familia adoptiva debe comprender que el vínculo no nace al firmar una resolución, sino que se construye con tiempo, empatía y aceptación.
Sin esa formación, lo que el adulto “no sabe” se traduce muchas veces en lo que el menor “sufre”.
La formación que propone el protocolo
El protocolo establece que la formación debe ser obligatoria, previa y adaptada. Algunas claves que se subrayan:
✅ Debe ser específica sobre la transición, no genérica sobre acogimiento o adopción.
✅ Tiene que incluir aspectos emocionales y técnicos, tanto del menor como de los adultos.
✅ Se debe trabajar sobre las racciones posibles del menor, los ritmos del vínculo, la gestión del duelo y las formas de acompañar.
✅ Debe ser continua, antes, durante y después de la transición.
Porque no se trata de que la transición "salga bien". Se trata de proteger el bienestar del menor en un momento altamente vulnerable.
Ninguna familia nace sabiendo cómo gestionar una transición tan delicada. Pero toda familia que va a vivirla tiene el derecho y “el deber” de estar formada.
La formación no es solo una herramienta: es una forma de cuidar, de respetar, de comprender. Y puede marcar la diferencia entre una transición que construye y otra que rompe.
💙 Porque proteger a la infancia tutelada también es cuidar sus transiciones.
📘 Con contenido trabajado a partir del Protocolo de Transición de Acogimiento a Adopción, elaborado por CORA y ASEAF.